Internet y las ensoñaciones de un mundo conectado

¿Qué es el internet? ¿Quién lo inventó y dónde? ¿Cuáles son las oscuras y luminosas posibilidades de un mundo conectado?… son algunas de las preguntas que guían a Werner Herzog en el documental “Lo and Behold: Reveries of a connected world” (“He aquí las ensoñaciones de un mundo conectado”). La interconexión de casi todo y todos, ha sido la gran revolución de la humanidad que nos ha tocado vivir y Herzog, se lanza con su habitual curiosidad y destreza, a explorar cada rincón del tema.

 

Vivimos en un mundo conectado y para decirlo más claro, a pesar de que no siempre se percibe, nuestras vidas habitan esta conexión como los peces el agua, como nos movemos también a gran velocidad por el universo, o como nos traspasan millones de partículas imperceptibles cada segundo, sin darnos cuenta.

Pensar a conciencia en esto, evoca un vértigo parecido al que se siente al pensar en cosmología, en la estructura del universo, o en las extrañas partículas elementales que componen nuestra realidad. Pensar así en internet, es sentirse en The Matrix.

Se ha dicho que los documentales de Werner Herzog no están a la altura —cinematográficamente hablando— de sus películas. Puede pensarse, es cierto, que no son tan redondeados, que en ocasiones les falta concisión, un desarrollo y enfoque más consistente, así como un final más contundente, mejor amarrado.

Sin embargo, a cambio de esta aparente falta de concisión, Herzog muestra siempre, los fructíferos caminos de su curiosidad y los deja salpicados de preguntas nuevas que no agotan la curiosidad inicial, sino que al contrario, la estimulan y despiertan.

En sus documentales —donde generalmente es director, guionista, productor y narrador—, lo mismo se asoma a contar la historia del hombre que vivía con osos grizzly (Grizzly Man, 2005), que se va a vivir un año lejos de la civilización para documentar la vida de la gente de la taiga, en el ártico ruso (Happy People: Un año en la taiga, 2010), o se asoma al mundo de los volcanes (Dentro del volcán, 2016). Pareciera que Herzog aprovecha su fama y su nombre para hacer de cada una de sus preguntas, un documental y yo, se lo agradezco.

Herzog explora varias pistas —demasiadas quizá para algunos—, todas las que se le van presentando. Ramifica, abre caminos, cuestiona y deja respuestas en el aire pero en el camino también, nos acerca al descubrimiento de cosas que no sabíamos, abre posibilidades nuevas, aparecen anécdotas, historias y datos apasionantes, impresionantes, desconocidos. Viñetas visuales o de información que nos acompañan por muchos años.

Werner Herzog

 

Conexiones curiosas

El trabajo está dividido en 10 capítulos que exploran diferentes aspectos de la interconexión global. Entre las curiosidades históricas, muestra por ejemplo el cuarto de una universidad en California, donde en 1969, oficialmente se inventó el internet.

Entrevista a casi todos los protagonistas de la invención y para ilustrar que nadie sabía las implicaciones de lo que se había inventado, ni el crecimiento exponencial que la información almacenada e intercambiada en la red tendría, cuentan que en los primeros meses o años del internet había un directorio, como una sección amarilla impresa, de todas las personas que estaban conectadas en la red.

Otras viñetas hablan del desarrollo de automóviles que se manejan solos, el proyecto del visionario inventor Elon Musk, Space X, que busca llegar a Marte, o el diseño de robots y avances en inteligencia artificial, sea para tratar con materiales peligrosos, o para jugar algo parecido a futbol en miniatura, donde los creadores aspiran a que en el 2050, un grupo de robots pueda jugar con la selección campeona del mundo y vencerlos. Por mi parte, yo espero que ese día nunca llegue.

Es obvio que la conexión de estos proyectos con el internet, es tenue. El director trata de rescatarla hablando de la interconexión entre los diferentes elementos de cada uno de esos sistemas, o los mecanismos de comunicación para conectar Marte con la tierra, en un ejemplo de temas que evidentemente a Herzog le interesaba explorar así fueran tangenciales al tema central. Sin embargo son tan interesantes, que nuevamente, más que criticarlo, su dispersión se agradece.

Respecto a los autos que se manejan solos —un proyecto que es ya una realidad circulando fuera del laboratorio en las calles de San Francisco o el norte de California— cambió mi percepción. Antes del documental, estaba completamente en contra, me parecía que las desventajas eran mucho mayores que las ventajas. Ahora, aunque no soy un partidario del proyecto todavía, me sorprendió saber, más que del invento en sí, las ventajas de la interconexión entre automóviles auto dirigidos.

“Un humano puede aprender y volver a cometer los mismos errores”, dice uno de sus principales desarrolladores, “estos autos se comunican entre sí y una vez que registran haber cometido un error, lo incorporan a su base de datos y nunca más vuelven a cometerlo”.

 

El lado oscuro

 Para mí una de las viñetas memorables, es cuando visita el radiotelescopio del Observatorio Nacional de Radioastronomía en las montañas de Virginia, EU. Este artefacto busca detectar señales electromagnéticas a través de gigantescas distancias espaciales, el equivalente electromagnético a detectar la energía que emitiría la caída de un copo de nieve, a través de distancias interestelares.

Para ello, necesitaron crear una espacio de más de 33 mil kilómetros cuadrados alrededor del aparato, libre de toda interferencia electromagnética. Al punto de que los vehículos que usaban tenían que ser viejísimos, auténticas carcachas, para que ni siquiera el sistema de ignición funcionara con chispa eléctrica.

Lo impresionante, además de saber que existe una zona así en EU,  fue descubrir que existe también un grupo de parias, leprosos de la modernidad, con una rara enfermedad en la que sufren dolor constante si están expuestos a ondas electromagnéticas. Estas personas cuentan que es casi imposible encontrar rincones en el mundo libres de emisiones, los automóviles, teléfonos, aparatos electrodomésticos, todo espacio de la modernidad está lleno de ondas.

Este grupo de gente, buscando alivio para su dolor termina fundando algo parecido a una comuna, en los bosques de las montañas adyacentes al radio telescopio, encontrando así un espacio de paz y alivio a sus dolores físicos, aunque emocionalmente desgarrados por tener que dejar atrás sus vidas y familias.

En otros peligros de la interconexión, se abordan escenarios cercanos a la tecnofobia o tecnoapocalipsis: Centros de rehabilitación para adictos a la tecnología que han llegado al extremo de dejar morir a sus hijos, heridas sicológicas profundas por la inhumana virulencia de las redes sociales, y la vulnerabilidad global ente factores externos e incontrolables como el sol.

Según explica una investigadora, se comprenden poco todavía las manchas y ráfagas solares, pero se sabe por el estudio de otras estrellas, que aproximadamente cada siglo o siglo y medio, se presentan explosiones de gran magnitud. La última de este tipo que alcanzó la tierra a finales del siglo XIX, fue altamente perturbadora a pesar de que un mínimo o casi nada de la infraestructura terrestre dependía de la electricidad en comparación con la actualidad.

Durante esa última explosión se registró por ejemplo, que los telégrafos recibieron tal sobrecarga de energía del sol, que el papel se incendiaba, o que las auroras boreales se alcanzaron a ver en lugares cercanos a los trópicos, mientras que en las latitudes del norte se podía leer a la intemperie, a la luz de las mismas auroras.

Estamos, dice la investigadora, en el calendario estimado para que pudiera presentarse nuevamente una explosión así, y las consecuencias con la interconexión y tecnología actual serían impredecibles.

Radio telescopio del Observatorio Nacional de Radio Astronomía en Green Bank, West Virginia. (Vía)

 

La exploración filosófica de un mundo conectado

La mayoría de los escritores de ciencia ficción no vieron la cosa más importante del mundo: el internet. Imaginaron carros voladores. Imaginaron cohetes en las ciudades. Nada de eso existe, pero el internet en cambio, gobierna nuestras vidas. Antes, cuando te comunicabas con alguien, la persona con la que te estabas comunicando era tan importante como la información que intercambiaban. Ahora con el internet, la persona no tiene ninguna importancia. La capacidad de auto filtrarse será el reto del futuro. ¿Los hijos de nuestros hijos necesitarán la compañía de humanos —o habrán evolucionado en un mundo donde eso ya no es importante? Suena horrible ¿no? Pero quizá no será tan terrible como imaginamos, y la compañía de robots y un internet inteligente será suficiente. ¿Quién soy yo para decirlo?

Entrevista a Lawrence Krauss, científico y divulgador de la ciencia entrevistado en el documental.

 

Finalmente, Herzog termina llegando un nivel más profundo, casi filosófico, como es parte ya de su estilo, citando al filósofo prusiano Clausewitz —quien acuñó la expresión de que “la guerra a veces sueña consigo misma”—, y en referencia al libro de ciencia ficción en el que se basó la película de culto Blade Runner, que se pregunta si en un futuro de androides e inteligencia artificial, “los robots soñarán con ovejas eléctricas”,  para preguntar a sus interlocutores: “¿puede el internet soñar consigo mismo?”

Esta pregunta abstracta, demasiado filosófica en apariencia, sirve para extraer interesantes conclusiones de los entrevistados.

Los investigadores que desarrollan la tecnología de escaneo cerebral hacia sus siguientes fronteras, se cuestionan sobre la naturaleza de la telepatía. Se ha descubierto ya un lenguaje universal del cerebro a través de las señales electromagnéticas, dicen.

Alguien que ve a un grupo de elefantes en persona, que piensa en un grupo de elefantes, o que ve un video de un grupo de elefantes, activa los mismos neurotransmisores cerebrales, independientemente de su nacionalidad e idioma.

¿Si podemos conocer los pensamientos de alguien fuera de su cabeza, así sea por unos cuantos centímetros, qué nos impide pensar que en el futuro podremos transmitir esos pensamientos a distancias mayores ? ¿Qué se podrá tuitear lo que se piensa instantáneamente?

En otra pieza que hace girar la cabeza, otro científico, dice que sí, que el internet sueña con otras redes, y usa como ejemplo el protocolo “http”, el más conocido, la más visible de las redes, el entorno en el que visualizamos las páginas de internet y equivalente para muchas personas al internet mismo, siendo que en realidad esta es solo una de las redes que habitan sobre la super estructura del internet, una de tantas redes, un lenguaje específico de la red matriz que es el internet. Esta red podría ser un sueño de la red original, dice.

“Lo and Behold: The reveries of an interconected world” es un gran documental, profundamente razonado, interesante, curioso, raro, filosófico, una ventana vertiginosa a las entrañas de un mundo conectado y a las ambiguas posibilidades de un futuro desconocido.

 

Pablo Salazar López

 

 

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