Vuelta a la bici

Este 2017 se conmemoran 200 años de la invención de la bicicleta, un diseño que revolucionó el transporte y estuvo en el centro de cambios sociales e históricos. Aprovecho la excusa del aniversario para recordar una de las exposiciones más memorables que he visto, “Vuelta a la Bici”, presentada hace dos años en el museo de diseño y artes decorativas “Franz Mayer” en la Ciudad de México.

 

El científico Lawrence Krauss dijo respecto del internet que, los escritores de ciencia ficción imaginaron carros voladores, cohetes dentro de las ciudades, pero no vieron la cosa más importante del mundo, el invento que gobierna nuestras vidas actualmente.

Lo mismo podría decirse de los visionarios del transporte, que al imaginar el siglo XXI vislumbraron que nos moveríamos en vehículos sofisticados y futuristas, pero no auguraron ni la longevidad ni el renacimiento actual de un invento tan simple como omnipresente, la bicicleta.

Su importancia pide una aparición estelar y no decepciona: En 1815, la ceniza de una erupción volcánica en Indonesia —una de las mayores registradas en la historia moderna— afectó severamente las cosechas de Europa, lo que obligó a comerse a los caballos, hasta entonces el principal medio de transporte individual.

A raíz de la crisis alimentaria —y de transporte—, dos años después de la erupción, en 1817 y para variar en Alemania, Karl Drais Von Sauerbronn inventó lo que se considera el precursor de la bicicleta, el velocípedo, aunque se le conoce también con otros nombres.

Ilustración del velocípedo, precursor de la bicicleta inventado por el Barón Karl Drais Von Sauerbronn en 1817. Fotografía tomada de la exposición “Vuelta a la Bici”, Museo Franz Mayer.

El objeto, predominantemente de madera, estaba a medio camino entre un patín del diablo y bicicleta: dos ruedas de madera rodeadas de metal con dimensiones similares a las actuales, sin pedales, que se movían con el impulso de los pies contra el suelo.

Sorprendentemente, las llantas de caucho no se inventarían hasta décadas después y los mismos pedales no serían inventados hasta 23 años después, en 1860.

Entonces como ahora, se buscaba mayor velocidad. Así fue creciendo la rueda delantera hasta llegar a modelos icónicos de la época, con llantas traseras pequeñas y llantas delanteras que alcanzaban hasta metro y medio de diámetro, por lo que había que subir con escalera.

Más allá de su incomodidad, estos modelos alcanzaban hasta 30 kilómetros por hora, resaltando el riesgo y asociación con la virilidad que la bicicleta tuvo en sus inicios. Uno de estos carteles promocionaba el nuevo medio de transporte con un eslogan irrefutable: “Un caballo siempre ensillado que no come nada”.

Entre la búsqueda de la velocidad y la demostración de virilidad se rompieron varios récords. En 1893 una bicicleta venció por primera vez a un caballo recorriendo 580 kilómetros entre Berlín y Viena; Thomas Stevens dio la vuelta al mundo pedaleando 22 mil kilómetros durante tres años, financiando su periplo como un bloguero moderno, publicando entregas periódicas en la prensa relatando su viaje y editando finalmente un libro que las recopilaba todas.

“An ever saddled horse which eats nothing” (Un caballo siempre ensillado que no come nada). Imagen de un catálogo antiguo de las bicicletas Columbia. Fotografía tomadas de la exposición “Vuelta a la Bici”, Museo Franz Mayer.

 

Revista juvenil ilustrando las carreras de bicicletas, resaltando la virilidad y rudeza de las competencias. Fotografías tomadas de la exposición “Vuelta a la Bici”, Museo Franz Mayer.

 

Ilustración de los primeros modelos de bicicletas. La de la esquina superior derecha, al estilo del velocípedo es llamada “The Dandy Horse”, la de llantas asimétricas es llamada simplemente “The Ordinary Bycycle” (bicicleta común), mientras que la de la esquina inferior derecha, con dimensiones similares a las actuales es llamada “The Rover Safety” (Bicicleta Rover de Seguridad).

“Vélo-Boxe”, ilustración cómica de una pelea de box ficticia sobre bicicletas. Fotografías tomadas de la exposición “Vuelta a la Bici”, Museo Franz Mayer.

La bicicleta tuvo también una importancia histórica en la lucha por la igualdad de género, sobre todo a finales del siglo XIX, cuando se convirtió en un medio de liberación femenina y en un símbolo de la lucha por el voto de la mujer. En muchos casos, la emancipación de la tutela masculina fue acompañada o acaso provocada por la bicicleta y los cambios que desencadenó su uso.

Como se puede ver en las ilustraciones, la moda de la época era incompatible con el diseño de las bicicletas, y tanto mostrar las piernas como usar pantalones representaba un acto de osadía e impudicia. La aparición de nuevas prendas para mujeres, precursoras de los pantalones, contaron con poca aceptación y popularidad hasta el auge de la bicicleta a partir de 1890.

Estas prendas permitían a las mujeres pedalear con más libertad y disminuían de manera incipiente el estigma de su liberación, al considerarse más “higiénico y respetable” que montaran así que con vestidos o faldas, contribuyendo de esta manera a popularizar su uso entre las mujeres.

Cartel promocional de una bicicleta sin cadena que muestra a una mujer con una de las prendas precursoras de los pantalones, muy populares entre las mujeres que andaban en bicicleta. Fotografía tomada de la exposición “Vuelta a la Bici” en el museo Franz Mayer.

Además de catalizador de cambios sociales, la bicicleta fue participante directa en eventos históricos. En una fotografía de Vietnam en 1954, se muestra una larga fila de bicicletas cargadas a tope y envueltas en ramas utilizadas como camuflaje, solo unas cuantas de entre las 60 mil bicicletas que, cargadas hasta con 200 kilos de artillería cada una, auxiliaron a los vietnamitas en su victoria sobre los franceses. 

Se mostraba físicamente también, una bicicleta plegable diseñada en Inglaterra durante la 2ª guerra mundial, que acompañó a los paracaidistas aliados en el desembarco de Normandía. Ante la devastación de la infraestructura carretera europea y el consecuente impedimento para transportarse en vehículos motorizados, se exploró la alternativa de bicicletas plegables para la movilización más rápida de soldados a través del territorio.

Era impresionante también, la muestra de la bicicleta que utilizó Gino Batali, multi campeón de la Tour de France y el Giro de Italia convertido en héroe durante la 2ª guerra mundial, al recorrer a toda velocidad cientos de kilómetros para reportar a la resistencia los movimientos de los trenes de guerra en Italia, aprovechando también sus viajes para transportar —enrollados y escondidos al interior del cuadro de su bicicleta— pasaportes que permitieron escapar a un gran número de judíos.

Soldados vietnamitas con bicicletas camufladas y cargadas de artillería en la lucha por la independencia de Francia. Fotografía tomada de la exposición “Vuelta a la Bici”, Museo Franz Mayer.

En la parte central de la exposición, habían diferentes modelos de bicicletas a través del tiempo y el más nostálgico quizá, era uno en peligro de extinción al igual que el oficio de quienes lo utilizan: la bicicleta de afilador, modificada para fijar la llanta trasera establemente al suelo, para atarle una cinta y mover los pedales para girar las piedras de afilar, llegando a pesar hasta 80 kilos.

Bicicleta de afilador adaptada. Fotografía: Pablo Salazar, exposición “Vuelta a la Bici”, Museo Franz Mayer.

En conjunto, “Vuelta a la Bici” fue una exposición memorable para todos los amantes de la bicicleta, combinando historia, datos curiosos, material audiovisual y decenas de bicicletas representativas de diferentes épocas para lograr en conjunto, una experiencia más grande que contar la historia de la bicicleta.

A 200 años de su invención, la simplicidad de moverse sobre dos ruedas por medios propios está teniendo un renacimiento, sea por el inagotable placer de recorrer el mundo así, por conciencia ambiental o motivos salud, este medio de transporte que, visto desde la perspectiva de la posguerra parecía destinado a una inminente desaparición, o al menos reservada para los niños y los pobres, mantiene su vitalidad y esas son buenas noticias para nosotros, amantes de la bicicleta, y también para el mundo.

 

Pablo Salazar López

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