Desenterrando al tigre. Crónica de un viaje al epicentro de la fiebre del ámbar en Chiapas (1 de 8)

[Esta es la 1ra de 8 partes en las que está dividida esta crónica. Cada capítulo se irá publicando por entregas los lunes y jueves de cada semana]

 

I. Los chinos” se están acabando el ámbar de Chiapas.

En la tradición china, el ámbar representa el alma del tigre que, tras morir, regresa a habitar bajo la tierra. Del ámbar proviene también, indirectamente, la palabra electricidad, ya que los griegos lo llamaron élektron al descubrir la estática que se genera al frotarlo. Su nombre tal y como lo conocemos ahora viene del árabe, aunque para ellos el término significaba espuma de mar y se refería a una secreción particular de las ballenas.

Un “remedio contra el miedo” que sobrevivió en la compilación elaborada por el médico práctico náhuatl Martín de la Cruz en 1552, enumera entre sus ingredientes la espuma de mar. Y algunos de los primeros exploradores españoles tras la conquista de América, llegaron a trasladar el equívoco lingüístico hasta conjeturar que el mismo mar o la excreción de un pez desconocido para ellos, arrojaba el ámbar hacia las costas del caribe mexicano y Cuba.

Se puede determinar científicamente el origen geológico del ámbar y así sabemos que, prácticamente todas las piezas utilizadas por las culturas prehispánicas, provenían de Chiapas. La nobleza maya, olmeca, tolteca y mexica, entre otras, utilizaron el ámbar de Chiapas como adorno y se comerció con él desde esta región hacia otros puntos de Mesoamérica.

Sorprenden las correspondencias del ámbar en las tradiciones de diferentes regiones del mundo, sea como amuleto protector o remedio contra diversos males y sorprende todavía más que la presencia y el simbolismo ancestral del ámbar a nivel global, no se hubiera manifestado antes en su vertiente económica, sino hasta la reciente irrupción del comercio chino en las pequeñas comunidades productoras de Chiapas.

Durante una visita a mi familia en Chiapas a finales del año 2015, escuché de diferentes fuentes el rumor de que “los chinos” habían llegado a Simojovel para explotar y comprar todo el ámbar, que se lo estaban acabando. Se decía también que ahí, donde tradicionalmente se ha extraído y trabajado la piedra, no solo había demasiados chinos sino que había también mucho dinero: “Incluso compraron el hotel donde se hospedan”, Es lavado de dinero, comentaban en voz baja los enterados.

Creer y esparcir rumores con la seguridad de quien estuvo presente y conoce la verdad es una de las actividades preferidas del chiapaneco, sin embargo, algo de cierto tendría este rumor o llevaba demasiado tiempo circulando, porque empezaba a aparecer como noticia. Algunos medios locales y nacionales reproducían los llamados de artesanos y comerciantes para que el gobierno detuviera el supuesto saqueo, compartiendo su alarma ante las perturbaciones económicas y ecológicas que podría traer.

Quise averiguar más por mi cuenta pero encontré poca información periodística que complementara el rumor: se entrevistaba a algunos comerciantes, productores o científicos relacionados al ámbar y se exponían los riesgos de una explotación indiscriminada; se corroboraba que efectivamente habían llegado chinos a Simojovel y se estaba sacando y vendiendo más ámbar de lo normal —¿cuánto era lo normal?—. También se reportaba el incremento en el precio y el hecho de que los mineros preferían vender a los chinos antes que a los artesanos y comerciantes locales. Fuera de eso, lo demás, el supuesto daño ecológico, el número de chinos en el pueblo, la afectación a la economía local, era más bien especulación.

Apenas un puñado de lugares en el mundo tienen yacimientos de ámbar para explotación comercial, y de éstos, los principales están en el mar Báltico. Dentro del continente americano, quizá sea Chiapas y, en específico, la zona alrededor de Simojovel, donde se logre alcanzar una producción más significativa, aunque ni si quiera se acerca al volumen de producción del báltico.

En Chiapas, la piedra es uno de los productos indispensables para los turistas que visitan y se ha incorporado también a las costumbres locales. Se sabe, por ejemplo, que para evitar el “mal de ojo” —como se le llama al malestar físico supuestamente ocasionado a niños pequeños por quien los observa demasiado o tiene muchas ganas de abrazarlos, pero no puede— la tradición recomienda que usen una pieza de ámbar para que los proteja.  Se dice incluso, que la piedra se cuartea al recibir la mirada caliente, maligna o simplemente codiciosa del ojo que enferma.

Sea por creencia genuina o por si las dudas, se sigue usando frecuentemente como un amuleto para los bebés y, aún en los pueblos más remotos, se puede ver a mujeres utilizando joyería o adornos de ámbar. De manera que, si se acabara el ámbar, se acabaría con uno de los productos emblemáticos de la región.

Los rumores eran tan preocupantes como fascinantes y extraños: ¿Chinos en Simojovel? Nadie va a Simojovel. Es un pueblo pequeño, de alrededor de 40 mil habitantes, y no queda de paso a ningún otro destino, alejado de cualquiera de los recorridos tradicionales que se hacen en Chiapas, sean turísticos o comerciales.

Si era cierto que “los chinos” estaban llevándose todo lo que podían, ¿qué sabían ellos que nosotros no? ¿Cómo sería la vida ahora, en un pueblo y una región mayoritariamente campesina, con la presencia repentina y masiva de los supuestos explotadores chinos? ¿Estaría Simojovel llena de maquinaria, montañas desgajadas, minas a cielo abierto y vegetación deforestada, con los extranjeros camuflando sus acciones entre la lejanía e improbabilidad de su presencia? Es lo que imaginaba.

¿Cómo era una mina de ámbar, por cierto? Nunca, ni en fotos, había visto una. ¿Habría algo de verdad en todo lo que se decía?

Decidí seguir el intrigante rumor hasta la la zona minera sin que nadie me lo pidiera o me pagara por ello, con la esperanza de encontrar una historia que no hubiera sido contada y observar con mis propios ojos lo que muchos decían conocer, pero pocos habían visto.

 

II. El camino a Simojovel

Simojovel está al norte de Chiapas, y para llegar ahí desde el centro del estado hay que cruzar los Altos de Chiapas o rodear por una ruta menos montañosa pero más larga. El camino desde San Cristóbal de las Casas es tan enervante como espectacular. Tenso porque se recorren noventa sinuosos kilómetros en dos horas y media, y el pavimento se transforma en terracería sin previo aviso; los deslaves no tienen más señalamiento que la vegetación creciendo entre el asfalto desgajado y los despeñaderos; los niños de las comunidades se atraviesan intempestivos, jugando a la orilla de la carretera como en el patio de su casa y, por si esto fuera poco, casi ninguna desviación indica a dónde lleva.

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Pablo Salazar López

 

Créditos: La fotografía en portada fue tomada por el fotógrafo Paolo Petrignani para el libro “Ámbar de Chiapas. Historia, ciencia y estética”. 2004.

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